
Irán apuesta a que Trump no tiene un plan para un cambio de régimen
La estrategia de Teherán: una apuesta calculada
Irán parece estar apostando a que Donald Trump, a pesar de su retórica beligerante, no posee un plan concreto para lograr un cambio de régimen en la República Islámica. Esta percepción se basa en la imprevisibilidad del expresidente estadounidense y en su historial de decisiones a menudo contradictorias. Por lo tanto, Teherán evalúa que una política de presión sostenida, sin una amenaza existencial clara, es manejable.
La dirigencia iraní observa de cerca las declaraciones y acciones de Trump, buscando patrones o la ausencia de ellos. Además, analizan la dinámica política interna de Estados Unidos, especialmente las facciones que apoyan o se oponen a una intervención militar directa. Sin embargo, la principal apuesta radica en la creencia de que Trump prioriza otras cuestiones o que sus estrategias de política exterior carecen de la coherencia necesaria para un objetivo tan ambicioso como el derrocamiento de un gobierno establecido.
Esta estrategia de «esperar y ver» permite a Irán gestionar las tensiones actuales sin verse forzado a una respuesta drástica. Por tanto, continúan fortaleciendo sus capacidades defensivas y su influencia regional, mientras calculan los riesgos y beneficios de cada movimiento estadounidense. La aparente falta de un plan cohesivo por parte de Trump les otorga un margen de maniobra considerable.
La imprevisibilidad de Trump como factor clave
La imprevisibilidad inherente a Donald Trump se ha convertido en una herramienta de cálculo para la política exterior iraní. La ausencia de una doctrina clara y la tendencia a cambiar de opinión rápidamente son factores que Teherán utiliza para anticipar y, en cierto modo, neutralizar posibles acciones hostiles. Por ejemplo, sus declaraciones a menudo contradicen las de sus asesores, creando confusión y diluyendo la efectividad de cualquier amenaza percibida.
Irán ha aprendido a navegar por la volatilidad de la política estadounidense, especialmente durante la presidencia de Trump. Además, los observadores internacionales notan que, si bien Trump demostró una voluntad de retirarse de acuerdos internacionales, como el acuerdo nuclear JCPOA, su enfoque hacia Irán careció de una estrategia de cambio de régimen coherente y sostenida. Por tanto, la falta de un plan de acción detallado y a largo plazo es un punto débil que Teherán explota.
En este contexto, la dirigencia iraní no percibe una amenaza inminente de un ataque militar a gran escala o de una campaña organizada para derrocar al gobierno. Sin embargo, están preparados para escalar o desescalar según las circunstancias, confiando en que la propia naturaleza de Trump y la política estadounidense les brindan tiempo y espacio para maniobrar. Por consiguiente, su estrategia se centra en la resiliencia y la adaptación.
El JCPOA y la retirada unilateral de Trump
La retirada unilateral de Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunta (JCPOA) en 2018, bajo la administración Trump, es un evento crucial en la percepción iraní. Irán interpreta esta acción no como parte de un plan de cambio de régimen, sino como una demostración de la falta de compromiso de Trump con los acuerdos internacionales y su inclinación por medidas punitivas unilaterales. Por ejemplo, la reimposición de sanciones severas, si bien perjudicial, no fue acompañada por una estrategia militar o política para desmantelar el régimen.
La decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear, a pesar de las advertencias de sus aliados europeos, reforzó la idea en Teherán de que la política exterior estadounidense bajo su liderazgo era errática y a menudo contraproducente. Además, Irán ha respondido a las sanciones aumentando su producción de uranio y fortaleciendo su programa nuclear, una táctica que, según ellos, les otorga mayor poder de negociación. Sin embargo, la falta de un plan alternativo coherente por parte de EE.UU. les ha permitido continuar con esta estrategia.
Por lo tanto, Irán considera que la política de «máxima presión» de Trump, si bien dolorosa, no alteró fundamentalmente la estructura de poder en Teherán. La ausencia de un plan de acción coordinado y diplomáticamente respaldado para lograr un cambio de régimen significó que las sanciones, aunque perjudiciales, no lograron el objetivo final. En consecuencia, Irán apuesta a que esta falta de un enfoque unificado persistirá.
La influencia de las facciones internas en EE.UU.
La compleja dinámica de las facciones políticas dentro de Estados Unidos influye significativamente en la percepción iraní sobre la posibilidad de un plan de cambio de régimen. Teherán observa las divisiones entre los halcones que abogan por una confrontación directa y aquellos que favorecen la diplomacia o la contención. Por ejemplo, la administración Biden ha intentado revivir el acuerdo nuclear, demostrando una postura diferente a la de Trump, lo que genera incertidumbre sobre la dirección futura.
Irán evalúa que, incluso si Trump regresa al poder, la resistencia interna y las divisiones en el establishment de política exterior estadounidense podrían dificultar la implementación de un plan de cambio de régimen coherente. Además, el alto costo de una intervención militar y la experiencia de conflictos pasados en Medio Oriente generan cautela en muchos círculos políticos y militares de EE.UU. Por lo tanto, la fragmentación política interna es vista como un amortiguador contra acciones drásticas.
En este sentido, Irán apuesta a que la propia estructura política de Estados Unidos, con sus contrapesos y balances, limita la capacidad de cualquier presidente, incluido Trump, para ejecutar un plan de cambio de régimen a gran escala. Por tanto, confían en que la política exterior estadounidense seguirá siendo reactiva y fragmentada, permitiéndoles mantener el control interno. Asimismo, la experiencia de otros gobiernos que han intentado desestabilizar a Irán sin éxito refuerza esta creencia.
El rol de los aliados regionales de EE.UU.
La postura de los aliados regionales de Estados Unidos, como Israel y Arabia Saudita, es un factor que Irán monitorea de cerca en su evaluación de un posible plan de cambio de régimen. Si bien estos países han expresado un fuerte deseo de ver un cambio en Teherán, su capacidad para coordinar una estrategia efectiva con Estados Unidos, especialmente bajo un liderazgo impredecible, es cuestionada por Irán. Por ejemplo, las diferencias de enfoque y prioridades entre estos actores pueden diluir la efectividad de cualquier plan conjunto.
Irán observa que, a pesar de las alianzas, la coordinación en acciones concretas contra el régimen ha sido limitada. Además, la historia demuestra que las intervenciones externas a menudo tienen consecuencias imprevistas y que el apoyo de aliados regionales no garantiza el éxito de una política de cambio de régimen. Por tanto, Teherán cree que la dependencia de aliados con agendas divergentes podría ser un obstáculo para cualquier plan estadounidense.
En este contexto, Irán apuesta a que la complejidad de coordinar una estrategia de cambio de régimen a través de múltiples actores regionales y un liderazgo estadounidense volátil es una tarea monumental. Por consiguiente, confían en que las fricciones y los intereses contrapuestos entre estos actores limitarán la coherencia y la efectividad de cualquier plan. Además, la propia resiliencia del régimen iraní, demostrada a lo largo de décadas, les da confianza en su capacidad para resistir presiones externas.
La capacidad de resiliencia y adaptación de Irán
La duradera capacidad de resiliencia y adaptación del régimen iraní constituye un pilar fundamental en su apuesta contra un plan de cambio de régimen por parte de Estados Unidos. A lo largo de décadas, Irán ha enfrentado sanciones, aislamiento diplomático y amenazas de diversa índole, logrando mantenerse en el poder. Por ejemplo, han desarrollado una economía de resistencia y han fortalecido sus capacidades militares y de inteligencia para disuadir agresiones.
Irán ha demostrado una habilidad notable para navegar por crisis internas y externas, ajustando sus políticas según las circunstancias. Además, el régimen ha consolidado su control sobre las instituciones clave del Estado, asegurando la lealtad de las fuerzas de seguridad y la burocracia. Por tanto, cualquier intento de cambio de régimen enfrentaría una estructura interna robusta y arraigada, capaz de movilizar recursos para su defensa.
En este sentido, Irán apuesta a que la fortaleza de su propia estructura de poder y su historial de supervivencia son factores subestimados por sus adversarios. Por consiguiente, confían en que la resiliencia interna, combinada con la aparente falta de un plan estadounidense coherente, les permitirá continuar con su trayectoria. Asimismo, la experiencia les ha enseñado a anticipar y contrarrestar las presiones, lo que les otorga una ventaja estratégica.
La perspectiva del futuro: ¿una tregua o escalada?
El futuro de las relaciones entre Irán y Estados Unidos, especialmente en el contexto de la posible candidatura de Trump, presenta un panorama incierto. Irán parece estar calculando que una administración Trump, si bien podría intensificar la retórica y las sanciones, carecerá de la estrategia y la cohesión necesarias para un cambio de régimen efectivo. Por ejemplo, la historia reciente sugiere que las acciones de Trump tienden a ser más punitivas que transformadoras a largo plazo.
Sin embargo, la posibilidad de una escalada no puede ser descartada por completo, especialmente si las tensiones regionales se intensifican o si surgen incidentes imprevistos. Además, la política iraní, aunque apuesta a la imprevisibilidad estadounidense, también se prepara para diversos escenarios, manteniendo una postura de disuasión activa. Por tanto, la dinámica futura dependerá de una compleja interacción de factores internos y externos en ambos países.
En conclusión, la apuesta de Irán se centra en la creencia de que la política estadounidense, particularmente bajo un liderazgo como el de Trump, carece de la profundidad y la consistencia necesarias para lograr un cambio de régimen. Por consiguiente, su estrategia continuará basándose en la resiliencia, la disuasión y la explotación de las debilidades percibidas en la política exterior de sus adversarios. El futuro podría traer una tregua tensa o una escalada controlada, pero el cambio de régimen parece ser una meta elusiva para EE.UU. en el horizonte cercano.


